martes, 16 de junio de 2009

No a la confusión

Estamos a escasos días de las elecciones. Según los medios, esta es una elección decisiva, fundamental para el futuro del país. Tal vez así sea. Pero creo que es necesario hacer un análisis más exhaustivo de nuestra realidad política.
A 12 días de las elecciones, aún no se sabe, ciertamente, cuales son las propuestas de los candidatos. La mayoría de los políticos dependen, CASI EXCLUSIVAMENTE, de una campaña mediática fuerte. No precisamente para dar a conocer sus ideas, sino para crear una imagen fuerte. Se intenta forjar una figura superlativa, que represente, de alguna manera, una ideal. Los hay de todos los tipos. Algunos intentan que su campaña gire en torno a la seguridad, otros a la honestidad, otros se muestran como la única opción posible para salvar al país de una crisis mundial, y hay algunos que se escudan en lo que vienen haciendo como gobierno, y utilizan la obra pública –que es posible gracias al aporte del pueblo- como un regalo propio a la población.
La campaña política es magra, triste, vacía, sucia, confrontativa, agobiante y tragicómica. Ver a las fuerzas políticas mejor posicionadas en las encuestas discutiendo de quien hizo mejor gobierno es gracioso. Todos se muestran como una propuesta superadora, novedosa y eficiente a la coyuntura actual, pero la realidad es que nadie pone en escena sus ideas y sus planes de gobierno. Los más completos hacen referencia constante a un ideal de Estado, mostrando una incipiente gama de supuestos de lo que haría.
Lo concreto es que no existen ideas, ni propuestas, ni planes de acción. Sigue siendo un misterio lo que harán los candidatos que tengan la suerte de ser electos. Tanto los diputados nacionales, como provinciales, concejales y convencionales constituyentes (en el caso que corresponda) pareciere que llegarán a cambiar todo lo que se hizo mal hasta el momento, ya que es lo único que se puede vislumbrar en sus discursos carentes de contenido.
Por todo lo expuesto, los votantes nos vemos encadenados a elegir a un proyecto, pero no UN PROYECTO DE GESTIÓN, SINO OPTAR POR UN PROYECTO DE PUBLICIDAD. Ya que a eso nos obligan a votar los candidatos, a un personaje que conocido físicamente, pero no ideológicamente.
No nos dejemos amedrentar por esto. Si bien es cierto que falta poco, todavía hay tiempo para llevar a cabo debates, consultas, etc. Preguntemos a los candidatos que tengamos a nuestro alcance que van a hacer en el hipotético caso que asuman. Indaguemos quien es el mejor preparado. No optemos por el conformismo cívico que nos proponen estos políticos. Busquemos inquisitivamente que la campaña sea realmente competitiva, y no dejemos que nos manejen con publicidades.

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