miércoles, 5 de agosto de 2009

¿Qué se viene?

A partir del 28 de Julio, a nivel nacional, se inició un nuevo proceso político en la Argentina. De alguna manera, el resultado desfavorable que obtuvo el oficialismo, marco un sendero bastante distinto a lo que estamos acostumbrados en este país.
En principio, los resultados electorales no marcaron a un GRAN GANADOR, como suele pasar. No hubo victorias aplastantes en casi ningún distrito. Esto hace que el poder se empiece a dividir entre los diversos sectores. A nadie le alcanzara su propio bloque para impulsar propuestas en el Congreso, como podía hacerlo el oficialismo en los ejercicios anteriores, por constar con quórum propio.
Hoy día, hay tanta paridad que, pese a la molestia de algunos, las decisiones van a tener que ser consensuadas. No bastara con la voluntad del Ejecutivo para impulsar las normas, ni mucho menos con sus berrinches de autoritarismo. Las leyes se tendrán que negociar. Y no recién cuando asuma el nuevo Congreso, sino que desde ahora, ya que el oficialismo necesita juntar adeptos y simpatizantes, después de años de poder moverse con pleno poder.
Todo esto nos lleva a escuchar constantemente en los medios, una palabra que parece bastante simpática pero que no sabemos precisamente que significa: “diálogo”. Por lo menos así es como intenta iniciar su búsqueda de acuerdos el oficialismo, con “diálogo”.
La RAE define a esta palabra como “Discusión o trato en busca de avenencia”. Si vemos que avenencia es el “acuerdo o convenio”, por lógica deducimos, que el gobierno busca acordar, convenir sus decisiones con respecto a temas de gravitante importancia.
Entre algunas de esos temas, se encuentran las 1.901 normas que ha delegado el Congreso en el Poder Ejecutivo, conformando los famosos Súper Poderes, violando así la prohibición de delegación legislativa establecida en la Constitución Nacional.
Los demás partidos políticos, en su mayoría se han mostrado esperanzados y entusiasmados por este llamado oficialista para avenir los temas de gobierno. Exceptuando la manifestación negativa de algún que otro dirigente pesimista, se puede respirar en el país un aire de mayor debate para las políticas públicas, por lo menos, en los futuros 2 años.
Esperemos que este sea un nuevo nacer de la vida institucional Argentina, y que de ahora en más, el pueblo siga dividiendo el poder y obligando a la clase dirigente, a debatir las políticas públicas en donde se debe, EL CONGRESO DE LA NACIÓN.

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