viernes, 3 de septiembre de 2010

2011

Cuanto tiempo ha pasado desde la última vez que se hablo en la Argentina de algún tema de relevancia para la sociedad en términos serios, que reflejen la voluntad política de sostener un plan de Estado.
Más bien, los políticos se centran en cuestiones espurias.
No existe debate serio sobre políticas de reinversión y distribución de la renta pública; ni planes para frenar, o cuando menos, morigerar la inflación. Nada de ello.
El debate actual se centra en quien será el candidato a ocupar el cargo de Presidente de la Nación.
Y para el desarrollo de su campaña se sigue la típica política personalista que tanto caracteriza a nuestros funcionarios públicos y aspirantes.
La idea parecería ser el impulso de un discurso simple, basado en la honestidad del candidato (a mi modo de ver, alocución un poco gastada) o en la capacidad de gestión ya demostrada.
Pero en este momento es en donde tenemos que comenzar la intervención ciudadana.
¿Cómo?, se preguntarán seguramente. Pues la respuesta es el compromiso. Debemos exigir que los candidatos se esfuercen en la realización de planes, no individuales, sino colectivos. Pensar no solamente en lo que acontecerá de aquí a 4 años, sino en políticas públicas que permitan el desarrollo de las generaciones venideras.
Un factor clave es el desarrollo que necesita la infraestructura de los bienes de uso público a nivel Nacional, Provincial y Municipal.
Cuando me refiero al desarrollo lo hago en términos cualitativos, dotando de insumos completos y seguros a los hospitales, escuelas con elementos de trabajo y maestros conformes que den clases.
Parece ser que los funcionarios tienen las estadísticas como principal arma a la hora del debate. El problema es que las mismas reflejan crecimiento, en términos cuantitativos, pero no la calidad del producto.
Parece ser que se hacen oídos sordos a las peticiones de los habitantes de mayor seguridad, salud y educación. Esto reflejando las que parecen ser funciones básicas, insustituibles de un Estado responsable y progresista.
El momento tiene que llegar. El punto de inflexión puede coincidir con el Bicentenario de la Patria.
Depende de nosotros, del esfuerzo que podamos exigir al funcionario y al aspirante para que propongan propuestas serias. No promesas.
Proposiciones basadas en planes, que razonablemente nos permitan entender que es posible. Sin dejar de lado de la previsión de gastos, o sea, de donde saldrá el dinero para todos y cada uno de las ofertas.
Comencemos a exigir desde hoy y podremos tener políticas el día de mañana.

No hay comentarios: